Advertencia a la integración: Brasil se despega del Mercosur

5 junio, 2017 Por Marcelo Halperin

El 25 de abril pasado Brasil informó a la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi) que había incorporado a su ordenamiento interno tres instrumentos negociados con el Perú.

Se trata de un memorándum sobre una comisión bilateral de facilitación para el comercio, las inversiones y la cooperación económica y comercial; el acta de entendimiento para la aceleración del cronograma de reducción de concesiones otorgadas por Perú al Brasil en el sector automotriz (dentro del acuerdo de complementación económica Perú-Mercosur, conocido como AAP n° 58), y finalmente un nuevo acuerdo denominado “de profundización económico-comercial”.

Este último, por sus características y por así considerarlo las autoridades peruanas, merecería calificarse como incipiente tratado de libre comercio de última generación. De ahí que esté recibiendo especial atención.

Dicho acuerdo se firmó en Lima el 29 de abril de 2016. No es un protocolo adicional o anexo al acuerdo Perú-Mercosur. Tampoco está respaldado por algún compromiso programático previo hacia una eventual convergencia plurilateral, como en el caso de la relación entre Mercosur y México.

Última generación

Por el contrario, dicho acuerdo de “profundización” constituye un tratado internacional desvinculado del Mercosur. Es particularmente ambicioso, porque a excepción del programa de reducción arancelaria, abarca temas negociados en los tratados de libre comercio de última generación: comercio de servicios; inversiones; contratación pública, y solución de controversias.

Por lo demás, prevé la incorporación de compromisos relativos a servicios financieros y comercio electrónico. Y anticipa futuras negociaciones acerca de telecomunicaciones, reconocimiento de títulos y grados, transporte terrestre y movimiento de personas.

Respecto de las cuestiones ya reguladas, es muy llamativo que tanto el comercio de servicios, las inversiones directas y la contratación pública sean las mismas áreas de concertación que todavía no pudieron acordarse dentro del propio Mercosur, al cabo de una sucesión de tentativas frustradas.

Resulta ostensible el desapego del Brasil al acuerdo con Perú a través del Mercosur (de noviembre de 2005) que en efecto había previsto la celebración ulterior de compromisos conjuntos en servicios (artículo 28) y promoción y protección de inversiones (artículo 30).

Para otras cuestiones, no especificadas, se fijó una cláusula de mayor permisividad según la cual “Otras enmiendas o adiciones podrán ser adoptadas por consenso entre las partes signatarias involucradas (las que) serán válidas exclusivamente entre ellas, comunicadas a la Comisión Administrativa y formalizadas mediante Protocolo” (artículo 46).

Sin explicación

En el actual Acuerdo de Profundización entre Brasil y Perú no hay explicaciones acerca del desapego del Brasil a dichas cláusulas que preveían la negociación plurilateral en el comercio de servicios e inversiones.

Tampoco surgen referencias ni señales relativas a una eventual comunicación de tales adiciones a la Comisión en tanto órgano de administración del acuerdo Perú-Mercosur ni sobre la protocolización de dicho compromiso bilateral. Más aún, no se lee en el Acuerdo de Profundización remisión alguna o invocaciones al AAP n° 58.

Desde una perspectiva rigurosa, la profundización bilateral de concesiones arancelarias (al margen del AAP n° 58) perfora el Mercosur en tanto unión aduanera. Pero este tipo de vulneración ya tiene múltiples antecedentes y por eso no llama la atención de los gobiernos ni de los analistas.

El acuerdo de “profundización” va más allá porque indica la disposición de Brasil para contraer vínculos de política comercial y económica (aquí con Perú) que son más pormenorizados y extendidos que los concertados por Brasil con los otros Estados partes del Mercosur.

¿Por qué Brasil y Perú encaran compromisos que después de tanta y tan prolongada narrativa integracionista no han podido concretarse en el seno del propio Mercosur? Como un avance significativo y después de una larga historia de desencuentros, finalmente se ha firmado el 7 de abril de este año un Protocolo de Cooperación y Facilitación de Inversiones pero siguiendo la tesitura Brasileña de no admitir los arbitrajes entre inversionistas privados y Estados receptores de la inversión.

El principal obstáculo para emprender políticas comunes en el Mercosur no es otro que el de la incertidumbre. Tanto los compromisos genéricos de liberación comercial como la uniformidad forzada frente a terceros países desde el principio generaron múltiples incumplimientos y excepciones que han ido convalidándose de manera expresa o tácita, pero siempre a partir de hechos consumados.

El motivo es visible: en esta fase de la economía global son disfuncionales las uniones aduaneras entre países en desarrollo y, más aún, cuando las disparidades e insuficiencias estructurales internas requieren transferencias de recursos entre Estados partes abrumados por sus propios desequilibrios.

El desapego del Brasil respecto del Mercosur y el entramado normativo con el Perú no deberían asombrar si se observa la sistemática correspondencia entre los distintos compromisos acordados entre Brasil y Perú. Tales constataciones tendrían que estimular el debate sobre la necesidad de reconstituir el Mercosur con fundamentos realistas.

Ello implicaría “barajar y dar de nuevo”, renegociando minuciosamente un programa de acceso a mercados con su régimen de calificaciones específicas de origen y las indispensables salvaguardias comerciales.

Sólo así podría encararse la tarea de profundizar y extender progresivamente las políticas comerciales y económicas que le den sustento a una fructífera integración subregional.

El autor es miembro del Instituto de Integración Latinoamericana de la Universidad Nacional de La Plata