El Gobierno le imprime un cambio rotundo a la Aduana

26 Junio, 2017 Por Emiliano Galli

Alberto Abad, subió al escenario y antes de arrancar con la introducción el programa Operador de Riesgo Administrado (ORA) –un cambio rotundo y paradigmático que corona la reingeniería de la Aduana– saludó a Carlos Sueiro, jefe del Supara, el sindicato de los aduaneros, consciente de que sobre los trabajadores de la Aduana recaerá tal vez una gran parte de la responsabilidad del éxito, o fracaso, de la revolución estructural de la institución más vieja del país, que este mes cumplió 431 años.

Abad planteó que el ORA introduce una “reingeniería de los procesos aduaneros dentro del un plan de largo plazo”, y no como un programa aislado. “Las empresas necesitan una Aduana inteligente. Y este programa volverá a posicionar a la Aduana en el lugar que debe tener, y que debe mejorar”, añadió, tras comentar que el BID brindará un financiamiento de 4 años para darle continuidad al programa.

La presentación resumió el trabajo que arrancó en 2015, de la mano del director general Juan José Gómez Centurión –de licencia médica– quien tomó por las astas la reestructuración del organismo para dar lugar al control inteligente y la facilitación del comercio.

Fue el propio Pierre Chapar, a cargo de la Aduana, quien citó a Gómez Centurión y resumió el ORA: “Que el canal verde sea cada vez más verde, y el rojo cada vez más rojo”.

“Cambiamos normativas y procesos para cambiar de paradigma y dejar de poner el foco en la mercadería para ponerlo en los actores, y salir de la lógica de «tocar y contar» para pasar a un control inteligente”, dijo Chapar.

Otro gran “cambio” es que al margen de las modificaciones de sistemas y procesos que encara la AFIP/Aduana, el programa ORA se presentó ante los actores (importadores, exportadores, despachantes, cámaras, etc.) para que sea revisado y “devuelto” con las opiniones del caso. El Gobierno internaliza así una de las máximas de la Organización Mundial de Aduanas (OMA): extremar el vínculo con el sector privado.

Pablo Allievi, subdirector de Control Aduanero, brindó los detalles. La máxima de la nueva gestión aduanera es que el “control inteligente estará al servicio del comercio legal” al que se facilitará “cuidando la cadena de valor”.

Facilitación comercial, es decir, un comercio exterior que fluye, y un control que no toma de rehén a las mercaderías en el puerto sujetas a la discreción operativa son, en rigor, música para los oídos de los operadores que reclaman estos cambios de manera sistemática.

“Decidimos dejar de administrar con parches las circunstancias”, subrayó Allievi, para quien el comercio exterior debe desandar el camino de lo complejo a lo sencillo y dejar atrás la sintomatología burocrática de la administración, donde “las organizaciones que complejizan los procesos cotizan luego las soluciones”.

Anticipo

Uno de los pilares que sustentará el programa ORA será la “gestión anticipada” donde el recurso a la minería de datos y a su análisis será fundamental.

“Antes, por falta de herramientas para el manejo de datos, y un concepto atado al control operativo, se daba una incidencia preponderante del funcionario en el acto, con demoras, contacto con la mercadería, la necesidad de dar explicaciones con la carga frenada, etc. El acuerdo de facilitación del comercio (AFC) nos pide fluidez. Por eso vamos a ir a una gestión inteligente del control, de manera anticipada, por un lado, y de fiscalización posterior, por el otro”, dijo Allievi.

El desafío será pasar de la “intuición o percepción” del agente de control a la “razón de la gestión inteligente, dotando al funcionario de las mejores herramientas para la acción”. Se busca así no dejar librada una fiscalización al conocimiento de alguien, a un criterio discrecional, o a un “Entiendo que…”, frase que es la pesadilla de los operadores, porque luego sobreviene una discrepancia segura.

El auditorio del tercer subsuelo de la AFIP no sólo estaba repleto por representantes del sector privado. Había allí funcionarios de todo rango, de las tres direcciones generales que integran la administración federal. Todos, sin distinción, deberán ser parte del cambio.

El pasado

Luego, Allievi brindó detalles de lo que debe dejar de ser la Aduana. “Venimos con niveles de selectividad (en el control) altos y con resultados bajos. Debemos cambiar este paradigma de controles en contacto con la mercadería y dejar de ser una Aduana separada del proceso de facilitación”, todo un mea culpa que, por otro lado, engendra una promesa que el sector privado hará cumplir porque, en esta oportunidad, la Aduana es la que le pide a los actores que confíen.

“Antes, el riesgo lo era todo, prácticamente no había límites para el control. Pero esta práctica de prevención atrofió el proceso”, destacó.

Según Allievi, mientras antes la medida del éxito era “la cantidad de incautaciones” de mercadería ilegal ingresada como legal, en el futuro, la Aduana pretende lograr estándares de eficiencia tales que “la baja de las incautaciones” sea la nueva vara para medir el éxito del control, porque eso significará que los operadores de lo ilegal se verán desincentivados al reconocer que serán “descubiertos” con mayor facilidad.

“Esto no es teoría, es algo que ya pusimos en marcha”, anticipó Allievi, al introducir los resultados de al menos seis meses de trabajo de la nueva gestión de riesgo que compone el programa ORA.

El ORA contempla un nuevo modelo de selectividad (canal amarillo: escaneo; canal azul: certificación de valor pero no en el lugar operativo, sino en fiscalización) y segmentación de los operadores. Este punto será central en su evolución: se mirará el presente del operador y la legitimación será constante, tanto de la mercadería como de las rutas y la modalidad operativa.

Resultados

¿Qué resultados parciales se obtuvieron? “La administración de selectividad (canal rojo) se redujo en un 49% para las exportaciones y 28% para las importaciones”, dijo Allievi, tras acotar que resta todavía la articulación con terceros organismos, no tanto de sistemas, en lo que hace a la esencia en sí de la reingeniería de procesos.

“El manejo de la selectividad arrojó un 76% de merma del impacto: 76% menos de controles para el operador, y 76% menos de recursos destinados por la Aduana”, dijo.

También será revolucionaria la actitud frente al operador: no más datos duros (declaraciones juradas, patrimonio, etc) que dan cuenta de una historia sino todo tipo de variables que ilustren su presente. La Aduana quiere conformar “indicadores de conducta” para su tarea de segmentación y selectividad.

En una simulación real entre el “antes y el después”, para un mismo operador, en 2016 se obtuvieron 263 canales rojos (sin resultados) y 36 en 2017 según los nuevos cánones. “Si una verificación en puerto cuesta en promedio $ 45.000, se logró una reducción de $ 10 millones en este caso, tanto para el operador en gastos de selectividad como para los recursos de la Aduana”, ilustró.

Con la minería de datos se “jerarquizará al analista”, que operará sobre un tablero de alertas en el que podrá configurar la conducta de los operadores, en un proceso de retroalimentación permanente. Tras invitar a todos a sumar opiniones, Allievi envió un guiño a los auxiliares del servicio aduanero, los despachantes, cuya función pidió “sea jerarquizada”.

La revolución que arrancó con Gómez Centurión, por indicación directa de Macri de “limpiar la casa”, se anuncia como irreversible.