Oscurantismo elitista, choque idiosincrático o disrupción deportiva

15 Mayo, 2017 Por Emiliano Galli

Mañana a las 20, en el Yacht Club d Puerto Madero, el titular del Puerto Buenos Aires, Gonzalo Mórtola, y el subsecretario de Puertos y Vías Navegables, Jorge Metz, presentarán el “Plan Puerto de Buenos Aires”
ante la sociedad portuaria latinoamericana, como inicio a tres jornadas de trabajo donde el Gobierno será anfitrión de las delegaciones continentales de la Comisión Interamericana de Puertos (CIP) de la OEA.

El celo con que ese plan se cranea margina a un elenco de especialistas “ex consultados”. Con mínimas filtraciones y definiciones generalistas, tal plan contemplaría licitaciones por 35 años más 15 de prórroga para áreas de contenedores y de cruceros (separadas); un eventual área para barcazas; un ferrocarril de cargas reactivado recorriendo de punta a punta las terminales; pre-gate con sistema de turnos y depósito de vacíos (ambos funcionando las 24 horas); la dársena E pública, y, a futuro, un puerto operando las 24 horas.

“Pero primero debemos lograr que todo el Estado hable de comunidad portuaria”, advierte Mórtola, porque muchas de sus definiciones (como “un área aduanera única”) toca ámbitos de decisión de un organismo que
reclamó siempre, para sí, la autoridad en los puertos, a los que llama zonas primarias aduaneras.

Mórtola desmiente varios rumores, entre ellos, uno que dice que la última carpeta (borrador) que recibió el ministro de Transporte Guillermo Dietrich plantea la “prórroga” de las concesiones actuales (Terminales
Río de la Plata, Terminal 4 y Bactssa) por un período de 5, 10 y 15 años al tiempo que se “licitan” el relleno para una terminal de contenedores y una “isla” para una segunda terminal de contenedores. Pasados los 15 años, dársena norte sería tierra de cruceros y el resto iría a desarrollo inmobiliario.

“Radio pasillo y cuento”, es la respuesta oficial.

“Hace un año venimos planteando que no vamos a prorrogar. No lo permiten los pliegos”, destacó el funcionario. Luego concedió que las terminales 4 y 5 “no pueden prorrogar más”. Y más tarde que “sólo podría (prorrogarse) TRP por no más de 4 años”.

Lo que descoloca al ambiente es el misterio que nubla todo el proceso, de un oscurantismo elitista. Tal vez sea un choque idiosincrático. O una disrupción cultural con el deporte en escena: en una plaza acostumbrada
al debate futbolista, con multiplicidad de opiniones sobre la mesa (y con acciones dilatadas), irrumpió el “código rugby”: no hay opiniones debatidas sino decisiones que no se cuestionan. Basta ver cómo la pasa un árbitro de fútbol y uno de rugby.

La ley permite prórrogas a cambio de inversiones para adaptación o para la continuidad de un servicio. Pliegos al margen, el puerto de Buenos Aires debe modificarse y seguir operando en el proceso. ¿Cómo se logra eso? En “equipo”.