Río Santiago, o el lugar que ocupa la industria naval en la agenda

17 julio, 2017 Por Emiliano Galli

El jueves pasado, la toma de una planta de alimentos que cerró, en Florida, dejando sin trabajo a 536 trabajadores, y su violento desalojo, copó la cobertura de los medios.

Al mismo tiempo, a 82 kilómetros, en La Plata, sede de gobierno de María Eugenia Vidal, unos 60 micros y alrededor de 2000 trabajadores agrupados en ATE se movilizaban por las diagonales al Ministerio de Economía, el de Trabajo y la Casa de Gobierno en reclamo por la crisis del Astillero Río Santiago (ARS).

Sólo los medios “locales” cubrieron la manifestación.

El astillero pertenece al estado provincial. Arrastra una situación terminal que no reconoce signo político. Soportó los actos y las promesas vacías kirchneristas. En cinco meses, prácticamente no tendrá más trabajo por falta de presupuesto e insumos.

En los 18 meses de la gestión actual, el Ministerio de la Producción –de quien depende– va por su tercer titular. Hoy, Javier Tizado (hombre de Francisco Cabrera), debe lidiar con la caldera de Ensenada. Ni Jorge Elustondo ni Joaquín de la Torre, sus predecesores, lograron pulsear políticamente en favor del astillero.

El presidente de la gran fábrica naval, Ernesto Gaspari, renunció a su cargo semanas atrás. El anterior titular, Héctor Scavuzzo, fue imputado y detenido por estafa y por una gestión que llenó de “ñoquis” al astillero.

Nadie en la provincia parece poder controlar esta pequeña gran ciudad fabril, responsable de construir la Fragata Libertad, y única en el país capaz de armar buques mercantes y de defensa de gran porte.

El astillero, además, incumplió un contrato de construcción de dos buques remolcadores y dos graneleros con un armador argentino que puede derivar en un oneroso juicio para la provincia. Los buques ya debían haberse entregado. No se terminaron por falta de equipamiento, que no pudo comprarse porque el Banco Provincia –que es noticia por sus promociones– no libera las cartas de crédito necesarias para financiar la operación. El banco dice que depende una decisión política.

Los trabajadores no hicieron un reclamo salarial (aunque hace más de 5 meses no les cancelan horas extra), sino que plasmaron su incertidumbre futura. Ven que el Estado evalúa comprar buques de guerra usados a Francia por 300 millones de euros, que se suman a las lanchas de patrullaje de Israel por US$ 49 millones (mientras en el ARS construyen lanchas para la Armada, las LICA).

Ven que no están en agenda. Ven que son por lo menos 3350 trabajadores en riesgo. Ven que no cumplen con las obras. Ven que no hay inversión en tecnología, y presumen que es porque son prescindibles y porque no figuran en los planes productivos.

La provincia prometió una mesa de trabajo. Los trabajadores prometieron 10 días antes de otra movilización.

¿Qué lugar ocupa la industria naval y la marina mercante en la agenda? El ARS es una respuesta en sí misma